El libro de los JUECES

1. Título.

El libro de los Jueces recibe su nombre de los títulos de quienes gobernaron a Israel después de la muerte de Josué.  Moisés, al dar instrucciones respecto del gobierno de los israelitas después de su establecimiento en Canaán, había ordenado:  “Jueces y oficiales pondrás en todas tus ciudades que Jehová tu Dios te dará en tus tribus” (Deut. 16: 18).  Por lo tanto, cuando Moisés ya no vivía para ejercer las funciones legislativas, ni Josué para desempeñar las ejecutivas, se nombraron jueces que constituyeron la autoridad civil más encumbrada del país.  El libro de los Jueces es la historia del período que siguió inmediatamente a la muerte de Josué.  En ese período la autoridad gubernamental de Israel estuvo en manos de los jueces.

Las personas que dieron el nombre a este libro cumplieron una función mayor que las funciones civiles de los jueces estipuladas en la ley mosaica.  En la mayoría de los casos, los jueces fueron llamados a realizar su gran obra directamente por nombramiento divino (caps. 3: 15; 4: 6; 6: 12; etc.), y entraron en ella más como libertadores de la opresión extranjera que como gobernantes civiles.  En verdad, la misma necesidad de su llamamiento y sus grandes hazañas surgieron a causa de la anarquía que hacía que todos los procedimientos comunes fuesen ineficaces contra la apostasía y opresión prevalecientes.  Los más ilustres de entre ellos fueron héroes nacionales más bien que líderes civiles o religiosos.  “Generales” o “jefes”, probablemente sería un título más exacto, pues realizaron hazañas mayormente militares.  Sin embargo, después de que cada juez “libró” al pueblo, lo gobernó durante el resto de su vida.  De ahí que el nombre Jueces pareciese el más apropiado para el libro cuando fue escrito.  Siglos más tarde en Cartago, cuyo pueblo tenía el mismo origen racial y lingüístico que los hebreos, un gobernante político también era conocido como “juez”, sufet (Heb. shafat).

2. Autor.

No se sabe quién escribió el libro de los Jueces.  Según la antigua tradición judía, su autor fue Samuel (véase el Talmud babilónico, Baba Bathra 14b, 15a).  Es obvio que esto es una conjetura, y aunque concuerda con muchos de los hechos, otros factores parecen no dar base para este punto de vista.  Un dicho favorito del autor del libro de los Jueces es: “En aquellos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía” (caps. 17: 6; 21: 25; cf. caps. 18: 1; 19: 1).  Se cree que esto puede sugerir que el autor podría haber estado a favor de un rey, como si hubiese dicho en verdad: “Tales cosas no habrían sido toleradas, pero en ese tiempo no había rey en Israel para mantener el orden, y todos podían hacer lo que se les antojaba”. 302 Puesto que Samuel se oponía a la idea de un rey para Israel, algunos han pensado que es improbable que él fuera el autor de dichas palabras.

Las pruebas internas señalan posibles límites de tiempo dentro de los cuales se escribió el libro de los jueces.  La declaración citada más arriba: “En aquellos días no había rey en Israel” (cap. 17: 6), indica que el libro fue escrito después de la institución de la monarquía con Saúl.  Por otra parte, hay evidencias de que debe haber sido escrito antes del reinado de David, o por lo menos a comienzos de su reinado.  El cap. 1: 21 anota que los jebuseos no habían sido expulsados de Jerusalén, sino que allí vivían con los hijos de Benjamín “hasta hoy”.  La historia bíblica nos indica que los jebuseos permanecieron en posesión de Jerusalén, o por lo menos de la ciudadela de Sion, hasta cuando la ciudad fue capturada por David después de concluir su reinado de siete años en Hebrón (2 Sam. 5: 6-9; 1 Crón. 11: 4-9).  Por lo tanto, el libro de los Jueces quizá fue escrito durante los primeros siete años del reinado de David antes de que capturara a Jerusalén.

3. Marco histórico.

Aunque es imposible fijar con exactitud el tiempo justo en el devenir histórico del Cercano Oriente cuando ocurrieron los sucesos registrados en el libro de los Jueces, no sería muy errado decir que el libro abarca el período desde 1400 a 1050 AC.  El tiempo exacto no podrá ser determinado con precisión mientras no se fije definitivamente la fecha del éxodo, y actualmente no existen suficientes datos históricos que nos capaciten para decidir con certeza absoluta entre las teorías en conflicto.  Para más comentario sobre este punto ver t. I, págs. 198-206; t. II, págs. 120-122.

Las tablillas de Amarna y otras inscripciones revelan que los cananeos, que mantenían la posesión de la tierra, se habían establecido allí durante siglos antes de la invasión de los hebreos.  Su civilización databa de mucho tiempo, y bajo la influencia de los grandes imperios de Mesopotamia y Egipto había alcanzado un grado considerable de desarrollo.  La gente estaba organizada bajo gobernantes subordinados que obedecían al faraón.  Pero a pesar de esto luchaban constantemente entre sí, y así llegaron a ser expertos en el arte de la guerra.  Sin embargo, frente a un peligro común se unían más o menos bajo un caudillo.  Sus ciudades fortificadas los protegían en los cerros y sus carros de hierro los hacían temibles en los valles, lo cual se aprecia por los restos materiales de su civilización que han desenterrado los arqueólogos.  El arte y la arquitectura parecen demostrar que hubo una decadencia inmediata y marcada después de la invasión de los hebreos.  Sin embargo, en la esfera de las verdades espirituales, y por lo tanto en la moral y la filosofía de la vida, los hebreos demostraron gran superioridad sobre los habitantes aborígenes.  Los cananeos eran conocidos en todo el Cercano Oriente como mercaderes y comerciantes (más tarde en el hebreo la palabra cananeo llegó a significar “mercader”), pero también eran expertos en agricultura.

Por no tener suficiente fe en Dios, los israelitas no pudieron expulsar a los cananeos, de manera que se conformaron a vivir junto a ellos después de los primeros años de guerra.  Durante todo este período los hebreos no constituyeron una nación sólidamente unida.  A veces dos o tres tribus pudieron formar una alianza temporal contra un enemigo común.  El canto de Débora del cap. 5 de Jueces muestra que aun en tiempo de gran peligro era imposible unir a todas las tribus en una confederación.  La lucha entre las tribus era bastante común (caps. 8: 1-3; 12: 1-6; 20: 1-48).  Esto se debió en parte a la falta de comunicación e intercambio entre las tribus a causa de las cadenas de fortalezas cananeas que dividían la tierra.

Con bastante rapidez los recién llegados comenzaron a aprender los métodos de 303 agricultura de los habitantes más antiguos, porque los hebreos habían sido mayormente nómadas hasta entonces.  La religión cananea giraba en torno de ritos para asegurar la fertilidad del suelo.  Había muchas festividades en honor de deidades agrícolas por las ricas cosechas que habían concedido.  Al adoptar los métodos agrícolas del país, muchos de los hebreos fueron inducidos a aceptar también la religión entrelazada con estos métodos.

4. Tema.

Este libro relata las vicisitudes del pueblo hebreo en el período que siguió a la muerte de Josué hasta el tiempo de Samuel, en cuyos días surgió la monarquía.  En un sentido especial, Josué había sido escogido para llevar a cabo y completar el programa iniciado por Moisés.  Cuando Josué murió, los israelitas -privados tanto de la dirección autorizada de Moisés como de la experiencia ejecutiva de Josué- entraron en un período de dirección independiente y trataron de consolidar la patria recién ganada.

Antes de esta época, la existencia de los hebreos había fluctuado entre el desasosiego y el movimiento.  Primero, padecieron esclavitud; luego, una peregrinación prolongada en el desierto, y finalmente las penurias del campamento y la conquista.  El libro de Josué, que es mayormente una biografía de ese gran dirigente, relata las fases finales de esa conquista.  El libro de los Jueces presenta el próximo paso en la historia de los israelitas, y los muestra enfrentándose al desafío de la transición de un pueblo migratorio y pastoril a una nación establecida y agrícola.

Al abrir el libro nos hallamos en una atmósfera de ardor bélico.  Leemos acerca de preparativos militares a medida que las tribus comienzan a dispersarse después de las campañas unidas bajo el mando de Josué.  Se reúnen consejos de guerra, y luego se oye el choque de las armas al subir las tribus del valle del Jordán para tomar posesión de los distritos que les había tocado en suerte conquistar.  Una batalla sigue a otra.  Los carros de hierro avanzan velozmente por los valles; las cuestas están erizadas de hombres armados.  Las canciones son de lucha y conquista; los grandes héroes son los que hieren a los enemigos de Israel en la “cadera” y el “muslo” (Juec. 15: 8).  Aunque los hebreos logran conquistar la región montañosa no pueden echar a los cananeos de las llanuras.

Cuando se apagó el fragor de la batalla, los cananeos aún retenían la posesión de una larga cadena de ciudades fortificadas que corrían desde el oriente hasta el occidente, desde el monte Heres a través de Ajalón, Saalbim, Gabaón, Beerot, Quiriat-jearim, y Jerusalén.  Más hacia el norte, Isacar, Zabulón, Aser y Neftalí quedaron separadas de las tribus de la Canaán central por otra barrera de fortalezas desde el mar a través de Dor, Haroset-goim, Meguido, Taanac e Ibleam, hasta el río Jordán.  El rico valle de Jezreel que conducía hasta Jordán, pasando por la fortaleza de Bet-seán, estaba todavía en manos de los cananeos.  Estas dos cadenas de fortalezas cortaban el país y hacían que fuesen virtualmente imposibles la comunicación y la unidad entre las tribus.  Aisladas como estaban una de otra por estas ciudades sin conquistar, las tribus hebreas quedaban expuestas al ataque, y sólo con dificultad podían formar confederaciones parciales contra sus enemigos a fin de aferrarse a los centros que habían conquistado en medio de una población hostil.

Las constantes invasiones de otros pueblos trajeron lucha y opresión a las tribus hebreas.  Desde el noreste llegaron invasores mesopotámicos; desde el sureste, los moabitas; desde el este, madianitas y amonitas; y desde el suroeste, los filisteos.  Puesto que la apostasía e idolatría habían debilitado los vínculos de unidad nacional que había forjado la lealtad a su religión, los hebreos fueron incapaces de resistir estos ataques.  Sin embargo, los sufrimientos de la esclavitud producían arrepentimiento 304  y hacían que la gente volviese una vez más al culto del Señor.  Luego, compadecido de ellos, Dios suscitaba un libertador o “juez”, que quebrantaba el yugo de la opresión y juzgaba al pueblo hasta su muerte.  Este es el tema del libro.

El tema principal que expone el autor de Jueces es que el pecado y la apostasía de la verdadera religión atraen sobre un pueblo el desagrado de Dios.  A fin de lograr que se aparte del pecado, Dios permite el sufrimiento y el desastre, que sólo pueden ser evitados mediante un arrepentimiento genuino y un retorno a Dios.  Cuando hay un verdadero arrepentimiento, Dios suscita a personas o circunstancias que traen liberación y alivio.  La historia de este período se ha registrado en un marco que presenta las siguientes grandes proposiciones: la rectitud exalta la nación, pero el pecado es el baldón de cualquier pueblo; los malos compañeros arruinan las buenas intenciones y la preparación; la degeneración moral siempre trae consigo debilidad nacional; los asuntos del pueblo escogido, Israel, estaban bajo el cuidado inmediato de la Providencia; el pecado nacional atrae el castigo divino; el propósito del Señor es que el castigo que acompaña el pecado sea educativo, no vengativo; se retira el justo castigo cuando éste produce el arrepentimiento sincero; la liberación nunca proviene de esfuerzos humanos sin ayuda, sino de la fortaleza y el entusiasmo inspirados por el Espíritu de Dios.  Estos principios del gobierno de Dios explican -según nos dice el autor  las alternativas de apostasía y servidumbre, arrepentimiento y liberación que caracterizan la historia de este período.

Estas vicisitudes, tan admirablemente ilustradas por el autor en los relatos que refirió, elevan el libro de los Jueces desde el nivel de las narraciones históricas a la posición de una filosofía sagrada de la historia.  EI autor inspirado del libro se preocupó más de señalar las lecciones que debían aprenderse de la historia que registraba que de la historia misma.  Hasta una lectura superficial del libro de los jueces revela que el propósito del autor era demostrar que la mano de Dios se manifestaba en los sucesos que acaecieron a los israelitas en su nueva patria.  El resultado estaba bajo el control de Dios, y él guiaba las vicisitudes que acaecieron al pueblo de tal manera que aprendiera por experiencia que su única felicidad y seguridad dependían de servir al Señor.

Un tema secundario del libro es que las aflicciones de Israel se debieron en gran medida a la mala influencia de sus vecinos paganos.  Alguno podría preguntar, si los idólatras habitantes de la tierra fueron los instrumentos que hicieron caer a los hebreos en la tentación, por qué Dios no expulsó a los cananeos y amorreos y evitó así la apostasía de su pueblo.  El autor ofrece evidentemente una respuesta a esta objeción en una sección del libro (cap. 3: 1-4).  Aquí declara que el Señor reconoce el valor de las dificultades en la formación del carácter; por esta razón, dejó a los cananeos en la tierra para probar si Israel le serviría.

Un propósito adicional del autor fue describir cómo, bajo la dirección y bendición de Dios, varias tribus pequeñas pudieron establecerse permanentemente en una tierra extraña y hostil; cómo adquirieron fama sus héroes; y cómo, en medio de diversos intereses e influencias modeladoras, la lealtad a su único Dios evitó que fuesen absorbidas por otros pueblos.

El libro de los Jueces se divide en cinco secciones bien definidas.  Comienza con un prefacio histórico general (caps. 1: 1 a 2: 5) o visión de la conquista parcial de la tierra después que hubo sido repartida entre las diferentes tribus por Josué.  Las tribus se apoderaron solas de su herencia particular, o a veces varias de ellas se unieron cuando se vieron frente a una fuerte resistencia.  A pesar de sus esfuerzos, los israelitas sólo lograron un éxito parcial en su propósito de tomar posesión de las 305 porciones de las tierras que se les asignaron.  El autor presenta la narración de tal manera que demuestre que el fracaso del pueblo se debió a su falta de confianza en el Señor y de fidelidad para con él.  De esta manera informa al lector acerca de la base de todas las dificultades subsiguientes de Israel, y de por qué se permitió que los cananeos permaneciesen en la tierra.  Las relaciones de Israel con los cananeos que quedaron forman el marco de fondo de la historia de los siguientes capítulos y explican por qué fueron necesarios los jueces.

A este bosquejo histórico sigue una segunda introducción (caps. 2: 6 a 3: 6), cuyo objeto es mostrar cómo la apostasía religiosa que siguió a la muerte de Josué continuó sin disminuir.  El pueblo se hundió en la idolatría y provocó el castigo divino; pero cuando se arrepintió, el Señor le envió liberación por medio de jueces sucesivos.

Habiendo expuesto su tema, el autor procede entonces a relatar la historia de las tribus bajo 12 jueces (caps. 3: 7 a 16: 31).  Es una historia de pecado que se repite vez tras vez, y de la gracia divina, que ofrece siempre nuevos medios de liberación.  Se relatan con amplitud las hazañas heroicas de seis de esos libertadores, y de otros seis meramente se mencionan con breves detalles.  El episodio de las usurpaciones de Abimelec se expone con más amplitud para prevenir al pueblo del peligro de escoger un monarca que no cumpliera con las especificaciones divinas (ver Deut. 17: 15).

El libro termina con dos apéndices.  Ambos describen sucesos que ocurrieron en la primera parte del período de losjueces.  El primero (caps. 17 y 18) relata la idolatría de Micaía y del santuario septentrional que albergó sus imágenes en la tribu de Dan hasta la muerte de Elí; el segundo apéndice (caps. 19 al 21) registra el vil acto de los benjamitas de Gabaón y la venganza infligida sobre esa tribu por las otras tribus.  Finaliza con un relato de las providencias tomadas para salvar a la tribu de Benjamín de la extinción después de que fuera virtualmente extirpada por haber apoyado a los gabaonitas culpables.

5. Bosquejo.

I. Prefacio histórico general: la situación cuando comienza la historia, 1: 1 a 2: 5.

A. Las tribus procuran consolidar los territorios que se les asignaron en Palestina, 1: 1-36.

1. Judá y los ceneos, 1: 1-20.

2. Benjamín, 1: 21.

3. Manasés y Efraín, 1: 22-29.

4. Zabulón, 1: 30.

5. Aser, 1: 31, 32.

6. Neftalí, 1: 33.

7. Dan (en el sur), 1: 34-36.

B. La razón de su fracaso, 2: 1-5.

II. Introducción temática: resumen del autor o interpretación de la historia hebrea durante este período, 2: 6 a 3: 6.

A. Prólogo histórico que se relaciona con el libro de Josué, 2: 6-10.

B. La interpretación que hace el autor de la historia que ahora comienza a relatar, 2: 11 a 3: 6.

III. La historia de los jueces, 3: 7 a 16: 31.

A. Otoniel quebranta la opresión de invasores del noreste (Mesopotamia), 3:7-11.

B. Aod libera de los invasores del sureste (moabitas), 3: 12-30.

C. Samgar. 3: 31. 306

D. Débora y Barac liberan de la opresión de los cananeos del norte, 4: 1 a 5: 31.

E. Gedeón, 6: 1 a 8: 32.

1. Rechazo de una invasión de los madianitas desde el este, 6: 1 a 8: 21.

2. Sucesos siguientes de la carrera de Gedeón, 8: 22-32.

F. La usurpación de Abimelec, hijo de Gedeón, 8: 33 a 9: 57.

G. Tola, 10: 1, 2.

H. Jair, 10: 3-5.

I. Jefté, 10: 6 a 12: 7.

1. Destruye la invasión amonita desde el este, 10: 6 a 11: 33.

2. Sacrifica a su hija, 11: 34-40.

3. Lucha entre tribus mientras Jefté es juez, 12: 1-7.

J. Ibzán, 12: 8-10.

K. Elón, 12: 11, 12.

L. Abdón, 12: 13-15.

M. Nacimiento y aventuras de Sansón, 13: 1 a 16: 31.

IV. Un doble apéndice: Dos sucesos que ocurrieron durante el período de los jueces, 17: 1 a 21: 25.

A. Origen de la idolatría de Micaía y del santuario de sus ídolos en Dan (al norte), 17: 1 a 18: 31.

1. La hechura de imágenes, 17: 1-6.

2. Un levita renegado llega a ser sacerdote, 17: 7-13.

3. La transferencia de las imágenes a Dan (Lais) mediante la migración de los danitas, 18: 1-31.

B. Una acción perversa de los benjamitas y sus terribles consecuencias, 19:1 a 21:25.

1. Los benjamitas de Gabaa abusan de la concubina de un levita y le causan la muerte, 19: 1-28.

2. El castigo del pueblo de Benjamín de parte de las otras tribus, 19: 29 a 20: 48.

3. El método para librarse del juramento de las tribus, de manera que la de Benjamín pudiera ser preservada de la extinción, 21: 1-25.

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