1 Y 2 Libros de REYES

[Lo que sigue es la introducción a 1 y 2 de Reyes, que son partes de un todo.]

1. Título.

Los dos libros actuales de los Reyes fueron originalmente uno solo, conocido en hebreo como Melakim, “Reyes”.  En la Biblia hebrea, Reyes quedó sin dividir hasta la edición impresa de Daniel Bomberg, 1516-17.  Los traductores griegos de la LXX, que dividieron el “libro de Samuel” en dos libros, dividieron también al “libro de Reyes” en dos libros, y consideraron los cuatro como las partes 1ª a 4ª de los “Reinos”.

El título “Reyes” indica el contenido de los libros.  Nuestro actual primer libro de Reyes presenta la historia de los monarcas hebreos desde la muerte de David y el reinado de Salomón, hasta la ascensión de Joram al trono, en Judá, y Ocozías, en Israel.  El segundo libro de los Reyes comienza con una continuación del relato del reinado de Ocozías y termina con el fin del reino de Judá.

2. Autor.

Los libros de los Reyes se parecen más a una compilación de material reunido por un redactor que a una producción original de un solo autor.  Su contenido es de gran valor fidedigno desde un punto de vista histórico.  Datos extraídos de fuentes antiguas por hombres inspirados fueron reunidos y ordenados en un marco con un diseño específico, con comentarios que indican un profundo propósito religioso.  Muchas informaciones provienen directa o indirectamente de registros oficiales de la corte o del templo.  Las investigaciones arqueológicas respecto de muchos de estos datos han comprobado, sin dejar lugar a dudas, la exactitud notable de los relatos de Reyes.  Hay narraciones sin duda tomadas de registros conservados en las escuelas de los profetas.  Los relatos se presentan a veces con gran contenido dramático y en otras ocasiones con sobrios juicios moralizadores.  En estos escritos hay contribuciones históricas sin parangón en los registros de Asiria, Egipto o Babilonia.  Aun cuando se los juzgue desde el punto de vista de la historia secular, estos escritos con profundo interés humano, encanto sin par, sagaces juicios 716 políticos y penetrante filosofía moral – se hallan entre las producciones más destacadas que hemos recibido del antiguo Oriente.

Pese a la diversidad de los documentos originales, existe una evidencia notable de un plan único y regular.  Los relatos de los diversos reyes son presentados mediante una fórmula fija para el comienzo y fin de cada reinado.  Se pronuncian juicios en los cuales se compara a los reyes con sus predecesores buenos o malos.  Ciertas peculiaridades de pensamiento y expresión que abundan a través de los dos libros de Reyes, demuestran claramente que un solo individuo tuvo una parte importantísima en reunir su contenido y darle su forma actual.

La conclusión del libro mismo nos da la fecha de su composición, o sea el período final de la historia judía, cuando Nabucodonosor subyugó el reino meridional y llevó su pueblo cautivo a Babilonia.  No podemos identificar con certeza a la persona que reunió en su forma actual el material de Reyes, pero la tradición judía nos informa que fue Jeremías (Talmud, Baba Bathra, 15ª).  Si se considera a 2 Rey. 25: 27-30 como un post scriptum, el redactor bien pudo haber sido Jeremías o un contemporáneo suyo, también inspirado.

3. Marco histórico.

Los libros de Reyes tratan de uno de los períodos más interesantes y memorables de la historia antigua del Cercano Oriente.  En este período Asiria llegó a la cúspide de su poderío y sus reyes salieron a dominar al mundo, y en sus planes de conquista incluyeron las monarquías de Israel y de Judá.  Esta es también la época de las dinastías XXI-XXVI de Egipto, cuando este país aún no había abandonado sus planes de expansión y rivalizaba con los pueblos de la Mesopotamia por el control de Palestina y Siria.  Es la época del Imperio Neobabilónico, cuando los medos y los caldeos derrotaron al Imperio de Asiria, obtuvieron el dominio de gran parte del Cercano Oriente, destruyeron a la nación de Judá y llevaron a las tribus del sur en cautiverio a Babilonia.

Durante todo este período, los reinos de Israel y Judá estuvieron en contacto constante y vital con las naciones del Oriente.  Entre las esposas de Salomón hubo una hija de un faraón.  Salomón consideraba a Hiram, rey de Tiro, como su amigo personal, pues le prestó gran ayuda en la construcción del templo. Jeroboam, que sería el primer rey de Israel, fue exiliado por Salomón y se asiló en Egipto.  Roboam, en el 5.º año de su reinado, fue atacado por Sisac rey de Egipto.  Este “Sisac” bíblico fue el famoso Sheshonk I, fundador de la XXII dinastía de Egipto, el cual también dejó registrado su ataque contra las ciudades de Israel y de Judá.  Omri fue un rey tan famoso que el reino de Israel llegó a ser conocido entre los asirios como Mat Humri, “Tierra de Omri”.  Salmanasar III menciona a Acab como uno de los aliados occidentales que lucharon contra Asiria en la batalla de Qarqar en el 6.º año del reinado de Salmanasar, y declara además que en su 18.º año recibió tributo de Jehú.

Se nos informa que Mesa de Moab pagó tributo a Acab y que después de la muerte de éste se rebeló contra Israel.  La famosa Piedra Moabita nos da interesantes detalles adicionales acerca de este hecho (véase 2: 80-82).  Inscripciones asirias indican que “Joás el samaritano”, esto es, Joás, rey de Israel, pagó tributo al rey asirio Adad-nirari III, mientras que el registro de Reyes menciona que Manahén hizo lo propio a Pul (nombre babilónico que como rey usaba Tiglat-pileser III) de Asiria, y consigna el ataque de Tiglat-pileser contra las tribus septentrionales durante el reinado de Peka.  También conservamos los registros de Tiglat-pileser III en los cuales menciona sus relaciones con Manahén, Peka y Oscas de Israel, y con Azarías y Acaz de Judá.

La Biblia también relata el pago de tributo de Oseas a Salmanasar V, la subsiguiente 717 conspiración de Oseas contra Asiria junto con So de Egipto, y el asedio de tres años a Samaria efectuado por Salmanasar, que terminó con la toma de esta ciudad y el fin del reino septentrional (2 Rey. 17).

Durante el 14.º año de Ezequías, Senaquerib realizó su famosa invasión de Palestina, y cayeron en sus manos “todas las ciudades fortificadas de Judá”; Ezequías mismo fue sitiado en Jerusalén.  Senaquerib también dejó para la posteridad su propio vívido relato de esta campaña.  Fue durante el tiempo de la heroica resistencia de Ezequías contra Senaquerib cuando Merodac-baladán, rey de Babilonia, envió sus emisarios al rey de Judá.

Josías halló la muerte a manos de Necao de Egipto mientras procuraba resistir una invasión egipcia a través de Palestina.  Finalmente hay relatos detallados de las numerosas campañas de Nabucodonosor contra Jerusalén en los días de Joacim, Joaquín y Sedequías, que terminaron con la destrucción de Jerusalén y el fin del reino meridional.

Para apreciar este importante período de la historia hebrea es preciso comprender los sucesos que ocurrían entonces en Asiria, Egipto y Babilonia.  Para integrar en forma correcta los asuntos de estas diversas naciones hay que ordenarlos cronológicamente, a fin de que se puedan ubicar correctamente los sucesos dentro del marco histórico y para que los reyes y los acontecimientos de la época concuerden entre sí.  Con la excepción de los últimos tres o cuatro gobernantes de Asiria, las fechas asirias y babilónicas dadas para este período se aceptan generalmente como plenamente establecidas.  No es tan segura la cronología de Egipto.  Ver págs. 19, 127.

4. Tema.

Aunque los libros de Reyes presentan la historia de los gobernantes hebreos desde la muerte de David y el reinado de Salomón, hasta la destrucción final de los reinos de Israel y Judá, el propósito principal no es presentar los sucesos de la historia con un mero fin histórico.  Hay historia, pero ésta aparece con un fin: mostrar cómo las vicisitudes de los hebreos se relacionan con los planes y motivos de Dios.  El propósito no fue tanto escribir una crónica detallada de los sucesos escuetos de la historia, como el de presentar las lecciones de la historia.  El que compiló estos libros tenía un profundo motivo religioso y una meta muy práctica.  Los hijos de Israel eran el pueblo de Dios, y debían cumplir con el propósito divino y vivir en la tierra los principios del reino de los cielos.  La justicia debía ser el verdadero fundamento de la prosperidad nacional.  El pecado produciría únicamente ruina.  Si fuera fiel a su misión divina, la nación crecería en poder y grandeza.  Si los reyes y gobernantes no vivieran de acuerdo con el propósito divino, Israel perecería como nación, porque no podría existir sin rectitud y sin Dios.

Lo más notable es que cuando los israelitas fracasaron como nación y se vieron frente a frente con su ruina aparentemente completa e irreversible, alguien halló en la oscura historia de las aflicciones y derrotas de Israel algo que valía la pena registrar para las generaciones venideras.  Las lecciones del fracaso de Israel habían de ofrecer luz y esperanza al mundo.  Sobre las cenizas de la derrota todavía debía levantarse una nueva estructura coronada por el éxito y la victoria.  Israel podría perecer, pero no perecería la justicia.  Si se aprendían las lecciones del fracaso de Israel, el mundo aún podría hallar esperanza en Dios.

El libro de Reyes se escribió en la época de los profetas, y en las declaraciones de este libro deben hallarse el valor y la penetración espiritual de esos mensajeros del cielo que hacían llegar al corazón humano lecciones procedentes de Dios.

El registro de Reyes comienza con el glorioso reinado de Salomón, y la construcción 718 del templo, cuando la nación era viril y fuerte.  Termina con el reinado de un rey débil e infame, el templo destruido y la tierra de Judá en ruinas y desolación.  Sin embargo, esta triste lección haría surgir un nuevo espíritu de esperanza y enfocaría la atención sobre una época nueva y mejor, en la cual Israel sería gobernado por su Rey eterno.  “Porque he aquí que vienen días, dice Jehová, en que haré volver a los cautivos de mi pueblo Israel y Judá, ha dicho Jehová, y los traeré a la tierra que di a sus padres, y la disfrutarán” (Jer. 30: 3).  “Servirán a Jehová su Dios y a David su rey, a quien yo les levantaré” (vers. 9).  “Jacob volverá, descansará y vivirá tranquilo, y no habrá quien le espante” (vers. 10).  “Y les daré un corazón, y un camino, para que me teman perpetuamente, para que tengan bien ellos, y sus hijos después de ellos.  Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí.  Y me alegraré con ellos haciéndoles bien, y los plantaré en esta tierra en verdad” (cap. 32: 39-41).

Aun cuando el propósito principal de Reyes no es presentar la historia en sí misma, contiene historia de gran importancia y notable exactitud.  Hay datos respecto de los gobernantes hebreos que no se hallan en los anales de los estados vecinos, anales que se escribieron para ensalzar a reyes paganos, para glorificarlos como constructores, cazadores o estadistas, para publicar sus acciones en el servicio de los dioses y para relatar sus hazañas guerreras.  Por el contrario, los registros hebreos no se proponían glorificar al hombre sino a Dios.  Por eso es que el libro de Reyes no sólo registra las realizaciones notables, sino también las debilidades y derrotas de los gobernantes israelitas.

Reyes contiene datos de importancia histórica no sólo respecto de los reinos de Israel y Judá, sino también en cuanto a las naciones circunvecinas.  Hay datos de interés acerca de Tiro y Egipto, de naves de Tarsis que se dirigen a Ofir en busca de oro, de la flota que Salomón tenía en Ezióngeber sobre las costas del mar Rojo, y de la visita de la reina de Sabá a Jerusalén con una caravana de camellos que llevaban especias y oro.  Además, registra la muerte de Senaquerib a manos de sus hijos Adramelec y Sarezer mientras rendía culto en la casa de su dios, los temores sirios a los reyes hititas, el tributo para Acab de 100.000 corderos entregados por Mesa, rey ganadero de Moab, el envío de las fuerzas egipcias de Tirhaca para hostigar a las huestes asirias que sitiaban a Laquis y Libna.  Se refiere también a la importación de madera de sándalo, de Ofir, hecha por Hiram, para hacer columnas destinadas a la casa del Señor, al ofrecimiento del príncipe heredero como holocausto sobre el muro de una ciudad moabita para obtener la ayuda de los dioses, a emisarios asirios que hablaban el arameo, además del hebreo, en los siglos VIII-VII AC, a Zif, Etanim y Bul como nombres de meses en la historia antigua de Canaán, factores todos interesantes y vitales de la trama misma con la cual se hace la historia.

Uno de los rasgos sobresalientes de los libros de Reyes es su estructura cronológica básica.  Hablando en términos generales, se presentan los reyes en el orden de su llegada al trono, sin tomar en cuenta si reinaron en Israel o en Judá.  Se dan dos informaciones cronológicas principales de cada rey: (1) un sincronismo, que ubica el comienzo del reinado de un rey de Judá en un año específico del rey contemporáneo de Israel, y viceversa, y (2) la duración de cada reinado.  A veces hay otras declaraciones cronológicas, tales como intervalos, sucesos fechados en años de reinado de ciertos reyes, o sincronismos entre ciertos reinados hebreos y los de otras naciones (ver págs. 138, 148).

Sin embargo, hay muchas dificultades para hacer concordar las cifras dadas para Israel con las de Judá, y para armonizar ambas con la cronología que no es bíblica. 719 Aun en una serie de reinados que comienzan y terminan juntos en Israel y Judá, los totales no son los mismos.  Tales dificultades han llevado a algunos eruditos bíblicos a concluir que la cronología de los reyes hebreos se ha vuelto irremediablemente confusa a través de los siglos, a causa de errores de los copistas.  Los esfuerzos hechos por otros para armonizar los datos han dado como resultado numerosas teorías, (aunque no muy dispares) basadas mayormente en variadas conjeturas que suponen revisiones de las cifras en un esfuerzo por reconciliarlas con la cronología que no es bíblica (ver págs. 138, 148).

En verdad, las aparentes discrepancias se deben mayormente, si no en su totalidad, a nuestra falta de información respecto de los diversos métodos técnicos de calcular el tiempo usados en tiempos bíbhcos.  Nuestra creciente comprensión de los principios cronológicos básicos empleados por los escribas hebreos, gracias a estudios recientes, hace posible la construcción de un esquema coherente que ordena los reinados de ambos reinos hebreos en armonía prácticamente con todos los datos bíblicos, y con la cronología aceptada generalmente de Asiria y Babilonia (ver pág. 146).

Las fechas empleadas en este comentario para una referencia conveniente (ver la tabla de la pág. 79) se han derivado de sistemas cronológicos de los reyes basados en estudios recientes; se han escogido esas fechas porque representan el mayor grado de armonía entre los datos bíblicos y se acercan más a una solución completa del problema.  Se las presenta tan sólo como un bosquejo aproximado, porque es posible que algunos descubrimientos futuros proyecten más luz sobre esos tiempos, y requieran un ajuste mayor o menor de este arreglo como resultado de un conocimiento más exacto de la cronología del período.

5. Bosquejo.

I. Desde la muerte de David hasta la división del reino, 1 Rey. 1:1 a 11: 43.

A. Los últimos días de David, 1: 1 a 2: 11.

1. Última enfermedad de David, 1: 1-4.

2. Adonías se esfuerza por obtener el reino, 1: 5-53.

a. Preparación para tomar el trono, 1: 5-10.

b. Natán consulta con Betsabé, 1: 11-14.

c. Betsabé conversa con David, 1: 15-21.

d. Natán habla con David, 1: 22-27.

e. David promete el reino a Salomón, 1: 28-31.

f. David hace rey a Salomón, 1: 32-40.

g. Adonías oye que Salomón es rey, 1: 41-49.

h. Salomón perdona la vida de Adonías, 1: 50-53.

3. Ultimos encargos de David a Salomón, 2: 1-9.

4. La muerte de David, 2: 10, 11.

B. El reinado de Salomón, 2: 12 a 11: 43.

1. Se afirma el reinado de Salomón, 2: 12.

2. La forma en que Salomón trata a sus opositores, 2: 13-46.

3. Salomón se casa con la hija de Faraón, 3: 1.

4. Salomón sacrifica en Gabaón, y el mensaje que recibe de Dios, 3: 2-15.

5. Notable decisión judicial de Salomón, 3: 16-28.

6. Los funcionarios de la corte, 4: 1-28.

7. La sabiduría de Salomón, 4: 29-34. 720

8. La construcción del templo, 5: 1 a 8: 66.

9. Edificios, ofrendas y barcos de Salomón, 9: 1-28.

10. La visita de la reina de Sabá, 10: 1-13.

11. Oro de Salomón, su trono, naves y carros, 10: 14-29.

12. Las muchas mujeres de Salomón y su idolatría, 11:1-8.

13. Los adversarios de Salomón, 11: 9-40.

14. La muerte de Salomón, 11: 41-43.

II. Desde la división del reino hasta la caída de Samaria, 1 Rey. 12: 1 a 2 Rey. 17: 41.

A. Desde Jeroboam I hasta Tibni, 1 Rey. 12: 1 a 16: 22.

1. La coronación de Roboam y la división del reino, 12: 1-24.

2. Jeroboam I, 12: 25 a 14: 20.

a. Altares edificados en Dan y Bet-el, 12: 25-33.

b. El varón de Dios y el profeta desobediente, 13:1-32.

c. Los malos caminos de Jeroboam, 13: 33, 34.

d. Castigos divinos pronunciados contra la casa de Jeroboam, 14: 1-20.

3. Roboam, 14: 21-31.

4. Abiam, 15: 1-8.

5. Asa, 15: 9-24.

6. Nadab, 15: 25-27.

7. Baasa, 15: 27 a 16: 7.

8. Ela, 16: 8, 9.

9. Zimri, 16: 10-20.

10. Tibni, 16: 21, 22.

B. Desde Omri hasta Ocozías, 1 Rey. 16: 23 a 2 Rey. 8: 29.

1. Omri, 1 Rey. 16: 23-28.

2. Acab, 16: 29 a 22: 40.

a. Las iniquidades del reinado de Acab, 16: 29-34.

b. La reprensión pronunciada por el profeta Elías, 17: 1 a 19: 18.

c. El llamamiento de Eliseo, 19: 19-21.

d. Guerra y paz con Siria, 20: 1-43.

e. La usurpación de la viña de Nabot y la reprensión de Elías, 21: 1-29.

f. El ataque a Ramot de Galaad, 22: 1-40.

3. Josafat, 22: 41-50.

4. Ocozías en Israel, 1 Rey. 22: 51 a 2 Rey. 1: 17.

5. Joram en Israel, 2 Rey. 1: 17 a 8: 15.

a. Ascensión de Joram 2.º año de Joram de Judá, 1:17, 18.

b. Ascensión de Elías, 2: 1 -11.

c. Eliseo sucede a Elías, 2: 12-25.

d. Ascensión de Joram en el 18.º año de Josafat, 3:1.

e. Los males del reinado de Joram, 3: 2, 3.

f. Sojuzgamiento de los moabitas, 3: 4-27.

g. Milagros de Eliseo, 4: 1-44.

h. Naamán curado de su lepra, 5: 1-27.

i. Edificio construido por los hijos de los profetas, 6:1-7.

j. Los sirios heridos con ceguera, 6: 8-23.

k. Samaria sitiada por los sirios, 6: 24 a 7: 20.

l. Mensaje de Eliseo para Hazael, 8: 1-15.

6. Joram en Judá, 8: 16-24.

7. Ocozías en Judá, 8: 25-29. 721

C. Desde Jehú hasta el fin del reino septentrional, 2 Rey. g: 1 a 17: 41.

1. Jehú, 9: 1 a 10: 36.

a. Jehú ungido como rey, 9: 1-13.

b. Jehú mata a Joram y a Ocozías, 9: 14-29.

c. Muerte de Jezabel, 9: 30-37.

d. Jehú mata a toda la descendencia de Acab, 10: 1-17.

e. Jehú elimina a Baal de Israel, 10: 18-28.

f. Los males del reinado de Jehú, 10: 29-36.

2. Atalía, 11: 1-21.

3. Joás de Judá, 12: 1-21.

4. Joacaz, 13: 1-9.

5. Joás de Israel, 13: 10-25.

a. Sus malos actos y su guerra con Amasías, 13:10-13.

b. La muerte de Eliseo, 13: 14-21.

c. Ciudades recuperadas de Siria, 13: 22-25.

6. Amasías, 14: 1-22.

7. Jeroboam 11, 14: 23-29.

8. Azarías, 15: 1-7.

9. Zacarías, 15: 8-12.

10. Salum, 15: 13-15.

11. Manahem, 15: 16-22.

12. Pekaía, 15: 23-26.

13. Peka, 15: 27-31.

14. Jotam, 15: 32-38.

15. Acaz, 16: 1-20.

16. Oseas, 17: 1-41.

a. Rebelión contra Asiria y la caída de Samaria, 17: 1-6.

b. Los males de Israel que lo llevaron a la ruina, 17: 7-23.

c. El culto mezclado de los samaritanos, 17: 24-41.

III. Desde Ezequías hasta la destrucción de Jerusalén hecha por Nabucodonosor, 2 Rey. 18: 1 a 25: 30.

A. Un período de reforma, 18: 1 a 20: 1.

1. Ezequías.

a. Ezequías sirve al Señor y destruye la idolatría, 18: 1-12.

b. Campañas de Senaquerib, 18: 13 a 19: 37.

c. Ezequías curado de su grave enfermedad, 20: 1-11.

d. Los embajadores de Merodac-baladán, 20: 12-19.

e. Realizaciones de Ezequías, 20: 20, 21.

B. Un período de decadencia, 21: 1-26.

1. Manasés, 21: 1-18.

2. Amón, 21: 19-26.

C. La última reforma, 22: 1 a 23: 30.

1. Josías.

a. La reparación de la casa del Señor, 22: 1-7.

b. Hallazgo del libro de la ley, 22: 8-20.

c. La reunión de los ancianos, 23: 1, 2.

d. La idolatría eliminada de Judá, 23: 3-20.

e. Se observa la pascua, 23: 21-23.

f. Amplias reformas de Josías, 23: 24-28. 722

g. Josías muerto por Necao, 23: 29, 30.

D. La decadencia final y el fin del reino meridional, 23: 31 a 25: 30.

1. Joacaz, 23: 31-34.

2. Joacim, 23: 35 a 24: 7.

3. Joaquín, 24: 8-16.

4. Sedequías, 24: 17 a 25: 21.

a. El mal reinado de Sedequías, 24: 17-20.

b. Nabucodonosor toma a Jerusalén y lleva al pueblo  a Babilonia, 25: 1-21.

5. Gedalías hecho gobernador, 25: 22-26.

6. Se libera a Joaquín de la prisión, 25: 27-30.

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