El Libro de ISAÍAS

1. Título

El título del libro de Isaías en los manuscritos hebreos, como también en la LXX, es “Isaías”. En Luc. 4:17, el libro se llama “el libro del profeta Isaías”, y en Hech. 8: 30, el “profeta Isaías”. En las Biblias hebreas se encuentra el libro en la sección llamada “los profetas” precedido por los libros combinados de Reyes, y seguido por Jeremías, Ezequiel, y “Los Doce”. Ver el t. I, p. 40.

2. Paternidad literaria

El profeta Isaías fue el autor del libro que lleva su nombre. El hijo de Amoz y vástago del linaje real fue llamado al oficio profético siendo joven (2JT 348), hacia fines del reinado de Uzías (Azarías, 790-739 a. C.), durante la corregencia de Jotam (PR 226-227). Esto ubicaría la vocación de Isaías entre los años 750-739 a. C. Su ministerio continuó por lo menos durante 60 años (PR 230), y abarcó los reinados de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías (cap. 1: 1; para las fechas de los reinados, ver el t. II, p. 79). El hecho que Isaías nunca menciona a Manasés, cuyo reinado empezó en 686 a. C., y que estuviera “entre los primeros en caer” en la matanza efectuada por Manasés de los que permanecieron leales a Dios (PR 281; 2 Rey. 21: 16), implica que su ministerio terminó poco después de la muerte de Ezequías en 686 a. C. En este caso, debiera haber empezado no más tarde que alrededor de 745 a. C. Es probable que los mensajes proféticos de Isa. 1-5 fueron dados entre los años 745 y 739, quizá durante el último año del reinado de Uzías pero antes de la visión del cap. 6 (PR 227-228). Mientras Isaías pensaba abandonar su misión profética, a causa de la resistencia que él sabía que enfrentaría (cf. Jer. 20: 7-9), contempló la visión de la gloria divina (PR 228-229) y ella lo alentó y confirmó en la comisión divina que ya se le había confiado.

Isaías se casó y tuvo dos hijos, Sear-Jasub y Maher-salal-hasbaz (Isa. 7: 3; 8: 3). En Jerusalén, el escenario principal de sus labores, llegó a ser predicador de la corte y tuvo mucha influencia. Durante muchos años fue consejero político y religioso de la nación. Su ministerio profético, junto con el de Miqueas y quizá también la influencia indirecta de Oseas en el reino del norte, contribuyeron a las reformas de Ezequías. 126 Sin embargo, Manasés siguió el impío proceder de su abuelo Acaz, abolió las reformas de su padre Ezequías y mandó matar a los hombres que habían fomentado el culto del verdadero Dios. Según el Talmud babilónico, Isaías fue muerto por Manasés; lo mismo afirma Elena de White (PR 281). La misma autora confirma las palabras de Heb. 11:37, que algunos fueron aserrados, como una descripción de la suerte de Isaías (ver en el Material Suplementario EGW com. Isa. 1: 1).

Durante unos 25 siglos no hubo duda alguna respecto a la paternidad literaria del libro de Isaías. Sin embargo, durante el siglo XIX, los críticos alemanes empezaron a poner en duda su unidad de origen (ver la p. 127). La opinión de esos hombres siguió ganando terreno hasta que es casi universalmente aceptado el punto de vista de que el libro fue escrito por lo menos por dos autores, un Isaías I, que escribió los capítulos 1-39 y que realizó su obra a fines del siglo VIII a. C., y un Isaías II, o Déutero- Isaías, que escribió los capítulos 40-66 hacia fines del cautiverio babilónico. Hay varias versiones de esta teoría. Algunos críticos asignan más de la mitad del libro de Isaías al período de los Macabeos, es decir, al siglo II a. C.

Uno de los argumentos principales de estos críticos a favor de una doble paternidad literaria de Isaías es que los capítulos 40-66 no parecen haber sido escritos desde el punto de vista de un autor de fines del siglo VIII a. C., sino por un autor que vivía cerca del fin del cautiverio babilónico. La mención de Ciro por nombre (cap. 44: 28; 45: 1) es considerada por ellos como una evidencia concluyente de que estos capítulos fueron escritos durante el tiempo de Ciro; es decir, durante la segunda mitad del siglo VI a. C. Por supuesto, este concepto está basado en la hipótesis a priori que la presciencia profético es imposible.

Sin embargo, el hecho de que Isaías mencione a Ciro no es un argumento a favor de una fecha posterior para el libro, sino más bien una evidencia de la sabiduría y presciencia de Dios. A lo largo del libro hay predicciones concernientes al futuro. Entre estas se encuentran las profecías de la caída de los gobernantes de Israel y de Siria (cap. 7: 7-8, 16), del derrocamiento de Tiro (cap. 23), del espanto de Asiria (cap. 14: 25; 31: 8; 37: 6-7, 29, 33-35), de la humillación de Babilonia (cap. 14: 4-23), de la insensatez de confiar en Egipto (cap. 30: 1-3; 31: 1-3), y de la obra de Ciro (cap. 44: 28; 45: 1-4). En realidad, Isaías exalta la presciencia de Dios como un elocuente testimonio de su sabiduría y poder (cap. 41: 21-23; 42: 9; 43: 9; 44: 7-8; 45: 11, 21; 46: 9-10; 48: 3, 5-8).

Hay muchas evidencias de la unidad de pensamiento y expresión entre la primera parte del libro y la última. Por ejemplo, una característica de Isaías es el uso de la expresión “Santo de Israel” como un título para referirse a Dios. Esta expresión aparece 25 veces en Isaías y solo 6 veces en el resto del Antiguo Testamento. Sin embargo, no es exclusiva de ninguna parte de Isaías, ya que se encuentra 12 veces en los capítulos 1-39 y 13 en los capítulos 40-66. El título “el Fuerte de Israel” o ["de Jacob"] aparece sólo en el libro de Isaías (cap. 1: 24; 49: 26; 60: 16). Las similitudes de estilo y lenguaje que existen entre la primera parte de Isaías y la segunda llaman mucho más la atención que sus supuestas diferencias.

Aunque el tema y el estilo literario de los capítulos 40-66 difieren considerablemente de los de los capítulos 1-39, hay un tema básico que corre a lo largo de ambas secciones: el quebrantamiento del yugo impuesto por enemigos políticos y espirituales, y el fin de la opresión del cuerpo y del alma. Isaías -cuyo nombre significa “el Señor es ayuda” o “el Señor es salvación”- presenta en la primera sección del libro la liberación del pecado, de Siria, Asiria y otros enemigos mediante el arrepentimiento, la reforma y la fe en Dios. La segunda sección se refiere a la liberación de Babilonia, y eventualmente del dominio del pecado mediante la fe en el Libertador 127 venidero. Puede verse, entonces, una unidad fundamental de pensamiento y propósito que penetra en todo el libro, a pesar de las aparentes diferencias de tema.

La primera sección del libro culmina con el relato de la destrucción de los ejércitos de Asirla comandados por Senaquerib. En la última sección, se anuncia proféticamente el fin del cautiverio babilónico. Una transición similar aparece en el libro de Ezequiel en relación con la caída de Jerusalén en 586 a. C., desde la anticipación del cautiverio hasta la restauración. Además, los primeros capítulos de Isaías registran los mensajes dados por Isaías durante su juventud. Los capítulos posteriores del libro reflejan una madurez de percepción profético y estilo literario característicos de un hombre de más edad y, como resultado, constituye una obra maestra que sobrepuja en profundidad de pensamiento y majestad de expresión aun a los excelentes pasajes de la primera parte del libro.

Los primeros capítulos de Isaías tienen que ver con la invasión sufrida por Judá a manos de los asirios, y los últimos anticipan la liberación judía del cautiverio de Babilonia. La misión de Isaías era la de mantener firme el reino de Judá cuando el reino del norte desaparecía al ser llevado en cautiverio por los asirios. Por medio de Isaías los gobernantes tuvieron la oportunidad de entender la naturaleza y el significado de los acontecimientos de la época. Era el propósito divino que Judá sacara provecho de la triste suerte del reino del norte, y como resultado se volviera a Dios con un espíritu de sincero arrepentimiento. La marea de la invasión asiria finalmente casi sumergió al pequeño reino de Judá, y el poder de Asiria fue rechazado sólo a las puertas de Jerusalén por un acto insólito de Dios. Pero los hombres de Judá no hicieron caso a las advertencias implícitas de la historia y a las más explícitas de Jeremías, que les esperaba un fin semejante a menos que enmendaran sus malos caminos.

Empezando con el capítulo 40, Isaías anticipa la cautividad de Babilonia, pero con la seguridad de que la liberación final del cautiverio babilónico es tan cierta como la que habían experimentado poco antes frente al poderío asirio. Además, la liberación de manos de los enemigos nacionales llega a ser, para los que confían en Dios, una promesa de la liberación final del dominio del pecado. Todas las diferencias entre las dos secciones del libro pueden conciliarse totalmente teniendo en cuenta el fondo de los acontecimientos cambiantes de la historia, el cambio resultante en el tema de la profecía, y un cambio posible en el estilo literario de Isaías con el correr de los años.

Aunque ciertos críticos han asignado una parte considerable del libro de Isaías al período de los Macabeos, hay evidencias de que en ese tiempo el libro entero existía como una sola unidad. Escribiendo alrededor de 180 a. C., el autor del libro del Eclesiástico (cap. 48: 23-28), Jesús ben Sirac, atribuyó varias secciones del libro de Isaías al profeta cuyo nombre lleva.

Sin embargo, la evidencia más concluyente de que el libro de Isaías era considerado como una sola unidad siglos antes de Cristo, procede de manuscritos bíblicos hallados en 1947 en una cueva cerca del mar Muerto. Entre ellos hay dos rollos del libro de Isaías conocidos como 1QIsª (siglo II a. C.) y IQIsb (siglo I a. C.). No hay evidencia alguna de que los capítulos 1-39 existieran alguna vez aislados como un documento aparte de los capítulos 40-66. Toda la evidencia comprueba lo contrario. Hay sobrada razón para creer que Isaías el profeta fue el autor del libro entero que lleva su nombre.

EI NT con frecuencia cita el libro de Isaías, pero sin hacer ninguna distinción entre los capítulos 1-39  y  40-66.  Los pasajes más extensos de Isaías citados en el NT son los siguientes: 128

Referencia en Isaías                         Cita en el Nuevo Testamento

1: 9                                                                Rom. 9: 29

6: 9-10                                                          Mat. 13: 14-15

6: 9-10                                                          Juan 12: 40-41

6: 9-10                                                          Hech. 28: 25-27

9: 1- 2                                                            Mat. 4: 14-16

10: 22-23                                                      Rom. 9: 27-28

11: 1 0                                                            Rom. 15: 12

29: 13                                                             Mat. 15: 7-9

29: 13                                                             Mar. 7: 6-7

40: 3                                                               Mat. 3: 3

40: 3                                                               Mar. 1: 3

40: 3                                                               Juan 1: 23

40: 3-5                                                            Luc. 3: 4-6

42: 1-4                                                            Mat. 12: 17-21

53: 1                                                                Juan 12: 38

53: 1                                                                Rom. 10: 16

53: 4                                                                Mat. 8: 17

3: 7-8                                                              Hech. 8: 32-33

61: 1-2                                                             Luc. 4: 18-19

65: 1-2                                                             Rom. 10: 20-21

Es evidente que Cristo y los apóstoles aceptaron el libro de Isaías como una sola unidad, fruto de la pluma del profeta Isaías, y podemos estar enteramente seguros que procedemos bien si hacemos lo mismo.  Nótese especialmente la referencia de Cristo a Isa. 6: 9-10; 53: 1 tal como se cita en Juan 12: 38-41, donde él se refiere al profeta como autor de ambas secciones del libro; también Rom. 9: 27, 29, 33; 10: 15-16, 20-21, donde Pablo hace otro tanto.

El comentador de Isaías tiene la suerte de disponer de dos manuscritos hebreos de este libro del Antiguo Testamento mil años más antiguos que cualquier otro manuscrito bíblico hebreo conocido anteriormente.  Estos documentos de valor inapreciable -los Rollos de Isaías del Mar Muerto- demandan pues una atención especial.  El descubrimiento, las características generales, y la importancia de éstos y otros rollos hebreos encontrados en cuevas cerca del mar Muerto a partir de 1947, se describen brevemente en el t. I, pp. 35-38.

De los dos rollos de Isaías encontrados en la primera cueva cerca de Khirbet Qumran, el que contiene el libro completo (vendido primeramente al monasterio sirio en Jerusalén) ha sido denominado con el símbolo 1QIsª; el rollo incompleto (vendido a la Universidad Hebrea) recibe el símbolo oficial de 1QIsb.  Ambos están actualmente en el Santuario del Libro en Jerusalén.  Ambos formaban parte de la biblioteca de una comunidad esenia y fueron guardados en una cueva antes del fin de la primera guerra judía (66-73 d. C.), según lo reveló la exploración profesional de la cueva.  Se acepta que 1QIsª es del siglo II a. C.; el 1QIsb es del siglo I a. C. Aquí se describe estos rollos brevemente puesto que sus variaciones más importantes con respecto al texto masorético se señalan en los comentarios de los versículos afectados.

1QIsª, que tiene el libro completo, fue publicado en fotografías facsímiles, con una transliteración en caracteres modernos hebreos efectuada por Millar Burrows (The Dead Sea Scrolls of St. Mark´s Monastery, t. I [New Haven: American Schools of Oriental Research, 1950]), lo que dio lugar a muchos estudios eruditos. 129

En general este primer rollo de Isaías concuerda con el bien conocido texto masorético. Sin embargo, el escriba no fue profesional, y su caligrafía es menos hermosa que la de 1QIsb. Cometió muchos errores de copista. Da la impresión de que algunos de sus errores se debieron a no haber escuchado bien, puesto que algunas secciones parecen haber sido escritas al dictado. También hay evidencias de que la copia empleada como modelo tenía ciertas lagunas o vacíos. Por lo tanto, cuando el escriba llegaba a una laguna, dejaba un espacio en blanco en su copia, y más tarde copiaba la parte que faltaba de otro ejemplar que quizá era más perfecto. A veces el escriba calculaba mal lo que faltaba, y el espacio que dejaba resultaba insuficiente. Por eso la sección insertada a menudo se extendía al margen.

Resaltan algunas omisiones del texto donde el ojo del escriba, o del que dictaba, saltaba de cierta palabra al mismo vocablo un poco más adelante pasando por alto todas las palabras intermedias. Este error de escritura muy común, frecuente también en los manuscritos del Nuevo Testamento, se llama homoeotéleuton. * Hay pocas y cortas adiciones al texto: jamás pasan de pocas palabras. Hay muchas variantes textuales, pero la mayor parte de éstas son de poca monta y no afectan el significado del texto. Hay millares de variantes ortográficas como se podría esperar en un manuscrito mil años más antiguo que el siguiente manuscrito del mismo libro.

1QIsb tiene aproximadamente un tercio del largo del 1QIsa . Estaba en una condición deplorable cuando el Prof. A. L. Sukenik de la Universidad Hebrea de Jerusalén lo adquirió de los dueños o descubridores. Después de haber sido desenrollado, se halló que la parte que quedaba de este rollo conserva fragmentos de los siguientes capítulos de Isaías: 10; 13; 16; 19; 22; 26; 28-30; 35; 37-41; 43-66. Hasta el capítulo 37 los fragmentos en los cuales hay texto son muy pequeños y por lo tanto menos informativos que la última parte del libro, que está más o menos bien conservada, aunque en cada columna del rollo hay roturas grandes o pequeñas en el cuero, por lo cual el texto está dañado. El pésimo estado de conservación de este rollo es muy lamentable, porque lo que queda de él es muy superior en calidad al 1QIsa.

Su escritura revela que es obra de un escriba experimentado que tenía una caligrafía bellísima y que cometía muy pocos errores. Se ha conservado suficiente de este rollo para justificar la conclusión de que las partes que faltan no difieren de las que aún existen, en su concordancia notable con el texto masorético. Al examinar todo el 1QIsb se ha considerado que sólo ocho variantes con relación al texto masorético han sido de suficiente importancia como para recibir atención en este Comentario, y aun ellas son de un significado relativamente pequeño (ver com. cap. 38: 13; 41: 11; 43: 6; 53: 11; 60: 19, 21; 63: 5; 66: 17). Las otras variantes son aún menos importantes.

Las porciones conservadas muestran tan pocas diferencias con el texto masorético que algunos eruditos al principio rehusaron aceptar la antigüedad de un rollo cuyas peculiaridades textuales ellos creían que eran de origen muy posterior.  Este segundo rollo de Isaías revela que el texto ha llegado a nosotros virtualmente intacto desde el tiempo de Cristo, mientras que el 1QIsa muestra que en aquel entonces existían algunos textos copiados con menor cuidado.  El rollo de Isaías (1QIsb) de la Universidad Hebrea fue publicado en forma póstuma por A. L. Sukenik, siendo su editor N. Avigad, en la obra The Dead Sea Scrolls of the Hebrew University Jerusalén: Universidad Hebrea, The Magnes Press, 1955).

De la caverna 4 de Qumrán provienen 15 fragmentos de manuscritos de Isaías -14 escritos en cuero y uno en papiro- ninguno de los cuales se acerca en importancia a los dos ya mencionados. Ver P. W. Skehan, Biblical Archaeologist 19 (1956), pp. 86-87; Skehan, Revue Biblique 63 (1956), p. 59.

La caverna 5 de Qumrán produjo un pequeño fragmento de Isaías (J. T Milik, en Discoveries in the Judaean Desert, III: Les ‘Petites Grotes’ de Qumrán [Oxford, 1962], p. 173); y las cavernas en Marabb’at, uno (2.º siglo d. C.), que contenía partes del cap. 1:1-14 (Ibíd., II: Les Grottes de Murabba ‘ât [Oxford, 1961], pp. 79-80).

Aparentemente Isaías fue un libro muy popular en Qumrán, porque en las 11 cavernas de ese lugar se encontraron más ejemplares (sólo uno completo) de este libro que de cualquier otro libro de la Biblia, excepto Deuteronomio, del cual se encontraron dos ejemplares más que de Isaías.

3. Marco histórico.

La ubicación cronológica del libro de Isaías es precisa, y el período del cual proviene es bien conocido en la historia del Cercano Oriente. Isaías fue llamado a su cargo profético antes de que le fuera dada la visión de la gloria divina que se halla en el cap. 6, y llevó a cabo su ministerio durante los reinados de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías (Isa. 1: 1). Según la cronología aproximada de este Comentario (t. II, pp. 79, 86, 88) Uzías murió alrededor del año 739, y Ezequías murió en 686, siendo el sucesor su hijo Manasés. Los reyes de Asiria durante este período fueron: Tiglat-pileser III (745-727), Salmanasar V (727-722), Sargón II (722-705), Senaquerib (705-681) y Esar-hadón (681-669). Estos reyes fueron los gobernantes más poderosos que jamás tuvo Asiria. Isaías pues efectuó su obra durante el apogeo de la supremacía asiria, cuando parecía que ella conseguiría dominar completamente esa región. Tiglat-pileser III empezó una serie de campañas contra las naciones circunvecinas, y como resultado un área cada vez mayor quedó bajo el dominio de Asiria. Esta potencia llegó a ser considerada como el gran terror del mundo, y no había país que pareciera suficientemente fuerte como para hacerle frente.

En 745 Tiglat-pileser invadió a Babilonia, en 744 marchó contra el noreste, y de 743 hasta 738 llevó a cabo tremendas campañas contra el noroeste y el oeste, lo que provocó un conflicto con Manahem de Israel y “Azriau de Iauda” (probablemente Azarías [Uzías] de Judá). Azarías parece haber sido el principal promotor de una gran coalición de naciones occidentales que se unieron para impedir que Asiria ganara la hegemonía del área mediterránea. En 737, la campaña de Tiglat-pileser fue dirigida otra vez contra el noreste, contra la región de Media. Pero en 736 estuvo de vuelta nuevamente en el noroeste, donde participó en una lucha desesperada de cinco años para dominar completamente el Asia occidental. En 735 su campaña fue contra Urartu, en la región oriental de Turquía; en 734 hizo la guerra contra Filistea, y en 733 y 732, contra Damasco. En 731 estaba otra vez en Babilonia, y en 730, según los registros, se quedó en su país. Pero en 729 estaba otra vez en Babilonia, en donde “tomó las manos de Bel”, y por ese acto llegó a ser rey de Babilonia con el nombre de Pulu (t. II, p. 63). En 727 hubo otra campaña contra Damasco. Para más detalles concernientes al reinado de Tiglat-pileser, ver el t. II, pp. 62-64.

Aunque los registros de Salmanasar V (ver t. II, p. 64) son muy incompletos, se sabe que su principal campaña fue contra la nación de Israel. Sitió a Samaria por tres años, 725 hasta 723 inclusive, cuando la ciudad fue tomada (723/722) y desapareció para siempre el antiguo reino de Israel.

Sargón II (t. II, pp. 64-65) puede haber sido el comandante del ejército que tomó a Samaria en 723/722. Inició su reinado en 722/721 y quizá llegó a ser el principal monarca militar de la historia Asiria. Tomó parte en tina serie de campañas contra el noreste, Babilonia, el noroeste, y el litoral del Mediterráneo. En 720 sofocó levantamientos en el noroeste y en el oeste, y en 715 subyugó a ciertas tribus árabes, y recibió tributo de varios reyes egipcios poco importantes. En 711 envió a su Tartán (ver com. 2 Rey. 18:17) para que sofocara un levantamiento en Asdod (cf. Isa, 20:1). En 709, Sargón llegó a ser rey de Babilonia.

Senaquerib (ver t. II pp. 65-67) empezó su reinado en 705, y en 703 derrotó a Merodac-baladán de Babilonia. En 701 inició su famosa “tercera campaña” que lo llevó contra Fenicia, Filistea y Judá. Virtualmente todos los países asiáticos de la zona del Mediterráneo, incluso Moab, Amón y Edom, fueron subyugados y obliga dos a pagar tributo. Sin embargo, la campaña no tuvo un éxito completo porque Jerusalén no fue tomada. Evidentemente Senaquerib volvió al oeste en otra campaña no mencionada en los registros asirios (ver com. 2 Rey. 18:13), cuando otra vez amenazó a Jerusalén, pero fue obligado a volver a Asiria después de la destrucción de su ejército por un ángel del Señor (Isa. 37:36-37).

Egipto y Babilonia fueron comparativamente débiles durante este período. Con todo, a veces lucharon contra la agresión asiria. Especialmente Merodac-baladán de Babilonia estuvo muy activo durante los reinados de Sargón y Senaquerib, y Taharka de Egipto fue con su ejército contra Senaquerib durante su segunda invasión de Judá (ver com. 2 Rey. 18:13; 19:9).

4. Tema.

Isaías vivió en un mundo convulsionado. Tanto para Judá como para Israel fue un tiempo de peligro y crisis. El pueblo de Dios había caído en muy graves pecados. En tiempo de Azarías (Uzías) de Judá y Jeroboam II de Israel ambas naciones habían llegado a ser fuertes y prósperas. Pero la prosperidad material había producido decadencia espiritual. El pueblo dejó a Dios y sus caminos de justicia. Las condiciones morales y sociales eran muy parecidas en las dos naciones. Por doquier se cometían injusticias en los tribunales, porque los magistrados aceptaban cohechos, y los gobernantes se dedicaban principalmente a los placeres y a lograr ganancias personales. Predominaban la codicia, la avaricia y el vicio. Mientras los ricos se enriquecían más, los pobres más se empobrecían y muchos caían en tal pobreza que quedaban reducidos a la esclavitud. Las condiciones sociales y morales de ese tiempo son descritas gráficamente por Isaías y sus contemporáneos, Miqueas, Amós y Oseas. Muchos abandonaron el culto de Jehová, y siguieron a los dioses paganos. Otros mantenían las formas exteriores de la religión, pero no conocían su poder y significado verdaderos.

Isaías advirtió al pueblo que tales condiciones no podrían perdurar por mucho tiempo. Jehová abandonaría a su pueblo que, aunque profesaba seguir la justicia, más bien seguía la impiedad. El profeta tuvo una visión de la santidad de Dios y de la angustiosa necesidad de la nación de llegar a conocer al Señor y sus caminos de justicia, rectitud y amor. Vio a Dios sentado sobre un trono, excelso y supremo, y sin embargo profundamente interesado en los asuntos de la tierra, llamando a los hombres al arrepentimiento, siempre listo a perdonar pero obligado por su propio carácter justo a castigar a los que persistían en seguir sus caminos de impiedad. Isaías llamó la atención al hecho de que los caminos de justicia son caminos de vida, paz y prosperidad, pero que los caminos de maldad están llenos de dificultades y dolores. Procuró enseñar al pueblo el verdadero significado de la religión y la verdadera naturaleza de Dios. Exhortaba para que hubiera un mundo mejor y más puro. La nación fue advertida de que si continuaba en sus caminos de impiedad, pronto sería destruida. Dios emplearía a los asirios como su instrumento para ejecutar justicia 132 sobre una nación hipócrita que daba decretos injustos, rehusaba hacer justicia a los pobres, los privaba de sus derechos, perjudicaba a las viudas, y robaba a los huérfanos. Para los tales, Isaías aclaró que el día de la visitación y desolación vendría segura y prestamente.

Isaías aseveró que el mundo entero era gobernado por un Dios, un Dios que exigía justicia, no sólo de parte de los hebreos, sino también de todas las naciones de la tierra, y que juzgaría a todos los pueblos que persistiesen en sus caminos de impiedad. Los juicios del Señor caerían sobre Asiria y Babilonia, sobre Filistea y Egipto, sobre Moab, Siria y Tiro. Finalmente, toda la tierra sería completamente arruinada como resultado de su iniquidad. Sólo Dios sería ensalzado, y su pueblo le rendiría culto en un mundo nuevo de gozo y paz perfectos.

Isaías fue tanto estadista como profeta. Amaba profundamente a su nación y hablaba con valor y convicción contra cualquier proceder que no estuviera en armonía con el interés nacional. Vio la fatuidad de apoyarse en Egipto para conseguir ayuda, y llamó la atención de los gobernantes de Judá al hecho de que el consejo de sus sabios sería confundido, y que Egipto mismo sería dividido, pues una ciudad lucharía contra otra, y cada hombre pelearía contra su vecino.

Aconsejó contra la necedad de confiar en alianzas terrenales para ser fuertes. Subrayó el hecho de que el consejo de los hombres se desvanecería, y sólo los que depositaran su confianza en Dios prevalecerían al fin. El pueblo de Dios sería fuerte si contaba con la presencia del Señor. Pero fue rechazada la oferta de la misericordia y la protección divinas.

A pesar de la ruina inminente, Isaías se refería de continuo a un remanente que sería fiel al Señor y, por consiguiente, sería salvo. Con la excepción de ese remanente, el profeso pueblo del Señor sería destruido totalmente, como Sodoma y Gomorra. Sin embargo, el remanente pondría su confianza en el Santo de Israel y aprendería a andar en sus caminos.

Isaías se refiere constantemente al Señor como “el Santo de Israel”. Siendo santo, exigía que su pueblo también fuese santo, y siendo justo, no podía soportar la iniquidad. Isaías anticipó un nuevo cielo y una nueva tierra, una nueva Jerusalén, que sería “Ciudad de justicia” (Isa. 1:26). Para Isaías la santidad abarcaba más que una observación escrupulosa de las ceremonias y las ordenanzas de la religión. Estas, en realidad, eran ofensivas ante Jehová a menos que fuesen acompañadas por una reforma del carácter y por una vida santa e intachable.

Respecto a Israel, es evidente que Isaías esperaba que sólo unos pocos israelitas escaparían de la destrucción inminente. Sin embargo, sostuvo la esperanza de que para Judá habría una escapatoria de los peligros inminentes. No obstante, aclaró enfáticamente que el único camino seguro se hallaba en volverse a Dios y a sus caminos de justicia y santidad.

En la última parte de su libro, cap. 40-66, Isaías presenta uno de los cuadros bíblicos más vívidos de Israel y del Dios de Israel. Aquí está la descripción más conmovedora de Cristo como el Salvador sufriente (cap. 53). Aquí se encuentra el cuadro bíblico más claro de la bondad y grandeza infinitas de Dios. Aquí también se esboza la gran misión de la iglesia. Isaías comprendió muy bien que Cristo vendría “por luz de las naciones”, y que su mensaje de salvación finalmente iría “hasta lo postrero de la tierra” (cap. 49: 6). Exhortó a Sión para que se despertara y se vistiera de su “ropa hermosa” (cap. 52: 1), ensanchara el sitio de su cabaña y extendiera las cortinas de sus tiendas en preparación para esa hora gloriosa cuando heredaría a las gentes, y haría que las ciudades asoladas fuesen habitadas (cap. 54: 2-3). Le mandó levantarse y resplandecer, porque la gloria del Señor mismo se levantaría sobre su133 pueblo, y las naciones vendrían a su luz y reyes a su naciente resplandor (cap. 60: 1-3).  En cuanto a los principios de interpretación, ver las pp. 30-32.

Con justicia se llama a Isaías el profeta mesiánico. Ningún otro parece haber comprendido tan claramente la santidad y grandeza de Dios, la persona y misión de Cristo, y el propósito glorioso de Dios para su iglesia. Con justicia Isaías es considerado rey de los célebres profetas de Israel, y sus escritos la obra maestra de todos los escritos proféticos.

5.  Bosquejo.

I. Isaías es llamado a combatir la apostasía nacional, 1 a 6.

A. Introducción: El ministerio profético de Isaías, 1: 1.

B. Una exhortación para volver a Dios, 1: 2-31.

1. La rebelión de Israel y el castigo corrector de Dios, 1: 2-9.

2. La futilidad del formalismo en la religión, 1: 10-15.

3. Bendición por la obediencia y castigo por la rebelión persistente, 1:16-31.

C. El plan divino para Judá; su fracaso, 2 a 5.

1. La reunión de las naciones, 2:1-5.

2. Fracaso de Judá, 2: 6-9.

3. El gran día de Dios, 2: 10-22.

4. Fracaso de los dirigentes de Judá, 3: 1-15.

5. Condición del pueblo, 3: 16 a 4: 1.

6. Liberación y restauración del remanente justo, 4: 2-6.

7. El chasco de Dios en vista del fracaso de Judá, 5: 1-7.

8. Una enumeración de las transgresiones de Israel, 5: 8-25.

9. La retribución divina, 5: 26-30.

D. Isaías: mensajero de Dios a una nación apóstata, 6: 1-13.

1. Visión de la majestad de Dios, 6: 1-7.

2. Confirmación del llamado y la misión de Isaías, 6: 8-13.

II. Liberación del poder de Siria y de Asiria, 7 a 12.

A. Mensaje de Isaías a Acaz, 7.

1. Se promete victoria sobre Israel y Siria, 7: 1-9.

2. Señal de la liberación, 7: 10-25.

B. Se predice que Asiria invadiría a Judá, 8 a 10.

1. La señal de la invasión, 8: 1-8.

2. Judá debía confiar en el poder divino en vez del poder humano, 8: 9-22.

3. La liberación final por medio de la venida del Mesías, 9: 1-7.

4. La impenitencia persistente y el castigo corrector, 9: 8 a 10: 4.

5. Caída de Asiria, la vara del enojo divino, 10:5-34.

C. El reino mesiánico, 11; 12.

1. Liberación y restauración mediante el Mesías, 11: 1-9.

2. Reunión de los gentiles y de los desterrados judaicos, 11: 10-16

3. Una canción de liberación, 12: 1-6.

III. Liberación del poder de Babilonia y de otras naciones, 13 a 23.

A. Un mensaje solemne concerniente a Babilonia, 13: 1 a 14: 23.

1. La desolación de Babilonia, 13: 1-22.

2. La liberación de Israel del poder de Babilonia, 14: 1-3.

3. La caída del rey de Babilonia, 14: 4-23.134

B. Un mensaje solemne concerniente a Asirla, 14: 24-28.

C. Un mensaje solemne concerniente a Filistea, 14: 29-32.

D. Un mensaje solemne concerniente a Moab, 15; 16.

E. Un mensaje solemne concerniente a Damasco (Siria), 17.

F. Un mensaje solemne concerniente a Etiopía, 18.

G. Un mensaje solemne concerniente a Egipto, 19; 20.

H. Un mensaje solemne concerniente a Babilonia, 21: 1-10.

I. Un mensaje solemne concerniente a Duma (Seir), 21: 11-12.

J. Un mensaje solemne concerniente a Arabia, 21: 13-17.

K. Un mensaje solemne concerniente a Judá y Jerusalén, 22.

L. Un mensaje solemne concerniente a Tiro, 23.

IV. Liberación del dominio de Satanás: El gran día de Dios, 24 a 35.

A. Desolación de la tierra, 24.

B. Liberación del pueblo de Dios, 25 a 27.

1. Un himno de alabanza y victoria, 25.

2. Un himno de confianza en Dios, 26: 1 a 27 :1.

3. Una canción de la viña del Señor, 27: 2-6.

4. Reunión del remanente de Israel, 27: 7-13.

C. Una advertencia solemne a Israel y a Judá, 28; 29.

1. Un ay pronunciado sobre Efraín (Israel), 28: 1-6.

2. Una advertencia a los dirigentes de Jerusalén, 28: 7-29.

3. Una advertencia a la ciudad de David, Ariel (Jerusalén), 29: 1-17.

4. Redención y restauración de Jacob, 29: 18-24.

D. La necedad de apoyarse en Egipto, 30; 31.

1. Un ay pronunciado sobre los que confían en Egipto, 30: 1-14.

2. Misericordia para los que confían en Dios, 30: 15 -33.

3. La derrota de Egipto y Asiria, 31.

E. El reino mesiánico, 32 a 35.

1. Un rey reina en justicia, 32; 33.

2. El día de la venganza del Señor, 34.

3. Un himno de la tierra nueva, 35.

V. Interludio histórico, 36-39.

A. Las invasiones asirias de Judá, 36; 37.

1. El primer mensaje del Rabsaces a Ezequías, 36: 1 a 37:7.

2. El segundo mensaje del Rabsaces a Ezequías, 37: 8-13.

3. Súplica de Ezequías, 37: 14-20.

4. Promesa de liberación y su cumplimiento, 37: 21-38.

B. Enfermedad y restablecimiento de Ezequías, 38; 39.

1. Enfermedad y recuperación de la salud, 38.

2. Los embajadores de Merodac-baladán, 39.

VI. El triunfo del plan divino. La liberación y el Libertador, 40 a 53.

A. Una base firme para la confianza en los propósitos de Dios, 40 a 47.

1. Confianza en Dios; su palabra permanece para siempre, 40; 41.

2. El “Siervo” de Dios, Cristo, 42.

3. El “siervo de Dios”, Israel, 43:1 a 44: 23 .

4. El “siervo” de Dios, Ciro, 44:24 a 46:13.

5. Caída de Babilonia, 47.

B. Se exhorta a Israel para que cumpla con su papel mesiánico, 48 a 52: 12.

1. Una exhortación a aprender la lección del cautiverio, 48.135

2. Una exhortación a representar a Dios ante las naciones, 49.

3. Una exhortación a dejar los consejos de la sabiduría humana, 50.

4. Una exhortación a responder valientemente el llamado divino, 51: 1 a 52: 12.

C. El “Siervo” sufriente de Dios, el Mesías, 52: 13 a 53: 12.

Vll. Reunión de las naciones, 54 a 62.

A. El papel de Israel en el plan divino, 54 a 56.

1. La herencia de Israel: ganar el mundo para Dios, 54.

2. El mensaje de salvación dirigido a todos los hombres, 55.

3. Una casa de oración para todos los pueblos, 56.

B. Un llamamiento para reformarse, 57 a 59.

1. Una súplica ferviente a Israel para que se vuelva a Dios, 57.

2. El verdadero espíritu de la religión personal, 58.

3. Una súplica ferviente para abandonar el pecado, 59.

C. Israel había de ser una luz para las naciones, 60-62.

1. La hora gloriosa del destino de Israel, 60.

2. Israel ordenado para proclamar las buenas nuevas de salvación, 61

3. El galardón de Israel por el servicio fiel, 62.

VIII. Establecimiento del reino mesiánico, 63 a 66.

A. El gran día de Dios, 63: 1 a 65: 16.

1. El día de la venganza, 63: 1-6.

2. Las misericordias de Dios para su pueblo, 63: 7-19.

3. Una oración en procura de transformación y liberación, 64.

4. Dios reprende a sus siervos y los acepta, 65: 1-16.

B. Dios restaura la tierra , 65: 17 a 66:24.

1. La tierra nueva, 65: 17-25.

2. Misericordia para los siervos de Dios, y aflicción para sus enemigos, 66: 1-21.

3. Dios es justificado ante el universo; todos los hombres le adoran, 66: 22-24.

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Una respuesta a El Libro de ISAÍAS

  1. Robin Aquino de Puerto Rico dijo:

    Me gustó mucho la explicación del Libro de Isaías, pero me gustaría
    que fuerse capítulo por capítulo y verso por verso.

    Dios les bendiga.

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